Por estos días pululan en la red un sinnúmero de falsos mandamientos dirigidos a Uds., hombres rudos, mocheros de puerto, usuarios de putas callejeras y bebedores de chupilca del diablo. Todos ellos dicen ser la clave para seducir y llevarse a la cama a una mujer. FALSO.
Todas esas falsas leyes, han sido escritas por mujeres, por eso mis rudos lectores, no les será dificil encontrar sugerencias como “llámala cuando esté enojada”, “regálale flores”, “dile que se ve linda todos los días”, etc. ¡Patrañas! A mí, el Profeta de la Rudeza, Alá, el Señor, me ha revelado la verdad: el Decálogo del Cazador.

Sin embargo, antes de dar a conocer la revelación, es necesario definir qué entendemos por un Cazador y qué carácteres puede revestir. Aristóteles, en su obra “Si yo no fuera maricón” clasificó a los cazadores en formas puras e impuras:

El cazador, en su forma pura, es aquel hombre que hace de la conquista de hembras (de su misma especie) un deporte. Frente a esto, existen también varias formas impuras:

a) El Depredador: entiéndase por tal al macho adulto que se siente atraído por los uniformes de colegio, los chapes, y las pokemonas en general.

b) Turok, el cazador de dinosaurios: aquel macho que sale a cazar viejas que lo doblan en edad.

c) Van Helsing, el cazador de monstruos: esta es la forma más impura, dícese de aquel que se come a las feas, las peludas o las gordas del grupo y en general a cualquier mujer en las que nadie se fijaría estando sobrio.

Rudos, peludos y hediondos lectores, en una próxima entrada, les será revelado lo que los dioses de la hombría le han enseñado a su servidor, el Profeta. Manténganse atentos…