En el mercado del sexo, un hombre jamás debe desesperar. Pues mientras el tiempo pone las acciones de la mujer a la baja, las nuestras aumentan su valor con los años. No os apureis en vender vuestras acciones… permitidle al tiempo fijar un mejor precio.

Pero mientras, especulad.

Carta del Profeta a los Camboyanos 8, 14-16