Como es típico en las mujeres, una vez me preguntaron si prefería las pechugas naturales u operadas. Entonces, y como hoy, mi respuesta fue que las prefiero naturales. Con todo, no censuro a las chicas que se operan debido a que son planas como tabla o tienen ciertos defectos análogos.

La verdad es que la pregunta es bastante inútil, la cuestión no es de preferencias o el enfrentamiento entre lo natural y lo artificial. El asunto de fondo está en lo estético y sensual.

En lo estético creo que debe regir la mesura y, como otros han dicho, la “naturalidad”. Las prótesis deben lograr que los pechos se vean lo más naturales posibles, si no nos hacen dudar si son o no naturales, entonces la operación ha fracasado.

Dejando a un lado todo el fetichismo, creo que lo más sensual en cuanto a los pechos es el tacto (el más importante de los sentidos), la mujer que se opera sacrifica esa sensación, así como el movimiento natural, ya que la prótesis es más rígida.

Finalmente, insisto en mi crítica a las mujeres que recurren a la cirugía con el objeto de satisfacer fantasías masculinas y no sus propios deseos. Que no lloren luego porque las utilizamos como objetos, pues actúan en consecuencia.

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