“Me puedo agarrar al hombre que quiera” fue la conclusión de una feligresa. Esta frase, llena de madurez y humildad, fue el fruto de una excursión de esta hembra, la clásica “sólo beso a mi pololo” (lo que la hace más atractiva) a bailar a la discotheque. Pero esa noche se propuso ir de “cacería”, y con artimañas que no vale la pena contar, atrapó  su presa. Su ego quedó por las nubes y de yapa, descubrió este supuesto “talento” que daría para escribir un libro de autoayuda.

A la mañana siguiente -después de mis jaculatorias- me cagué de la risa.

“¿Por qué será -medité en voz alta- que hasta la chana más fea tiene el mismo don que esta cristiana? Porque lo que hizo la pobre fue ofrecerse y no seducir. Mis hijitos, el que seduce en esta selva es el hombre. Si la mujer quiere diversión, sólo le basta ofrecerse. ¿A qué se refiere Gonzaga? Paciencia y al siguiente párrafo.

Madre naturaleza nos dotó de nuestro fiel compañero entre las piernas, rápido, impulsivo, mucho más de lo quisiéramos, pero lo más importante, fiel, y gran fuente de diversión hasta al menos, la tercera edad. En cambio la Vagina es más reflexiva: hay que prender el horno media hora antes para que la comida se caliente. Y de eso se quejan muchas féminas. Que nuestro “Usain Bolt” no las entiende, y que corre más rápido de lo que ellas quisieran.

Nuestro pene es una llave; la mujer es una puerta de acero con siete chapas. El proceso de abrir esta puerta se llama seducción y al contrario del Messenger y las Fiestas con alcohol, la seducción verdadera y placentera tarda semanas, meses, e incluso años en concretarse. El resto se llama tirar y punto.

Muchas veces, los hombres pecamos de impaciencia y abdicamos cuando la parroquiana no la suelta. Por eso, en alguna fiesta, cuando la mujer anda ofreciéndose -osea con la chapa entreabierta- aprovechamos la liquidación. Y es la principal razón que el negocio de las viejas y queridas putas -mujeres con la puerta abierta- es el más rentable.

Mis hijitos, paciencia. Sáquenle brillo a la llave y perseveren en la seducción. Vuelvan más tarde cuando la chapa no gire, tómense el tiempo y recuerden aceitar bien la puerta para que abra mejor. Distingan el despecho de una buena cacha y recuerden que, al contrario de nuestra hormonal compañera, el hombre siempre podrá hacer justicia con sus propias manos.

Paz y properidad.

PD: …y cuando abran la puerta, tendrán un nuevo escondite para refugiarse cuantas veces quieran.