Le contaba a mi amigo peruano, conocido como “El Negro”, fiel habitué de este blog que usa de terapia para rehabilitarse de esa grave enfermedad llamada macabeísmo, producto del sometimiento a su pareja, acerca de mis andanzas por los prostíbulos de Tacna, conocidos allá como “las casitas de las muñecas”, y que son una prueba de fuego para todo hombre rudo que se precie de tal. Como el tipo los conocía de memoria, y me había dado todos los datos, lo invité a escribir conmigo sobre dicha experiencia.

—Es que lo que pasa en Tacna, se queda en Tacna pues —me señaló. Pero a continuación me propuso algo bastante interesante: “Un 7 de junio de 1880, en Arica, se enfrentaron los más bravos vergones destripadores rompehímenes que hacen que el tío Chuck Norris y el tío Jack Bauer se vean como niñitas afeminadas que lloran con películas románticas. Militares chilenos y peruanos, bravos y gallardos, que dieron todo por sus respectivas patrias”.

No pude sino encontrarle toda la razón a mi amigo peruano. Ahora bien, el asalt0 al Morro de Arica, la más increíble jornada de bravura militar jamás vista en la faz de la tierra y que deja a los gurkhas como verdaderas niñitas que juegan con muñecas.

Algunos datos: Dentro de todas las unidades que participaron en la Batalla de Arica, fueron los machotes del Regimiento 4° de Línea los hijos de Thor que les correspondió el asalto y toma del Morro de Arica, fortaleza que observadores extranjeros consideraban inexpugnable y que ni el mejor ejército europeo podría tomarla (obvio, ya para esas alturas los soldados europeos se habían afeminado completamente). El tiempo que duró el asalto fue de 55 minutos y ambos bandos sufrieron bajas heróicas. El coronel Juan José San Martín, comandante del 4° de Línea por el lado chileno, y los comandantes Bolognesi, Moore y Ugarte por el lado peruano.

Es cierto que los chilenos contábamos con ese brebaje para machos llamado “Chupilca del Diablo” (que debiera ser bebido por todo macho rudo que se precie de tal), que sacaba toda la rudeza posible en un macho chileno (o sea, que Motumbo la tenía chica al lado de nuestros soldados).

Chile ganó una batalla crucial en la Guerra del Pacífico, y Perú ganó grandes héroes de los que podrá sentirse orgulloso siempre. La historia que nos separa también nos une para rendir tributo a bravos hombres rudos que han de ser ejemplo de rudeza y hombría, ideales a los que todo seguidor de este blog debiera aspirar.