Saludos machos orgullosos, camioneros del desierto, ocasionales peleadores de bar, y sobre todo, hombres. Pilsengrinder reportándose…
Echándole una mirada a la rica variedad de post que posee este blog, me es muy grato saber la línea musical que sigue este espacio. Grandes valores como Airbourne, las barbas eternas de ZZ Top y el ranking con las canciones que no deberían faltar en la vitrola del macho dominante, son entradas para destacar.
Y en éste, mi primer post, quiero contribuir con una banda conocida por todos ustedes, y en especial por su carismático frontman; todo un rudo de asquerosas verrugas, grueso bigote de foca, bajista, y fundador de Motörhead, la esencia del rock personificada, el Dr. Rock, don Lemmy Kilmister.
Este gran valor del rock y el metal, amante del cuero, las minas y el Jack Daniels es de origen inglés, y se cuenta que cuando su padre, un cura protestante, lo engendró, se mandó a la fuga. Claramente un pseudohombre sin pelotas y punto.
A nuestro Lemmy lo encontramos inmerso en el mundo del rock and roll gracias a los queridos Beatles, y según sus propias palabras: “…Es el único negocio que me ha gustado por lo de las mujeres guapas, todos los rockeros metidos en esto las tienen a pares, y a mí siempre me han gustado las mujeres guapas, por lo que lo consideré que sería una buena idea, pero ¿por qué demonios no se me ocurrió a mi primero?!”… Un hombre con las cosas claras.
Al adquirir su primer bajo lo aprende a tocar en las mismas calles de su ciudad natal, dominando los estilos de moda en aquella época. De hecho, se dice que él fue el maestro de Sid Vicious, el maníaco bajista de los reventados Sex Pistols.
Más tarde formaría su primera banda, Hawkwind, pero se separarían después de diferencias entre los miembros. Lemmy, por su parte, mandó todo a la mierda y formó a Motörhead; la luz al final del túnel para los rockers que buscamos ese sonido crudo y antaño del rock and roll pesado, sin mierdas de adorno ni demasiadas pretenciones. Discos como el Iron Fist, Over Kill, March of Die, o el autobiográfico Orgasmatron, son placas obligadas en la colección del macho adicto a las guitarras, motocicletas, cuero y rock, en claro contraste con la mayoría de las bandas de hoy en día; pusilánimes jovencitos con un concepto del rock totalmente mamasán. Que Odín los condene y los atraviese analmente con su lanza sagrada.
Después de leer este post, por favor proceda a encender alto sus parlantes, corra a buscar una cerveza y aplíquese con este clásico:
Rudos todos, cambio y fuera!


