Una vez más Bananero Kafkiano, profeta del pesimismo, apóstol de la rudeza y su corresponsal de las fiestas patrias, unas fiestas que se viven en comunidad en Chile, les saluda rudamente. En esta oportunidad, comparto con ustedes lo que fue la celebración del Bicentenario en Chile, representada por sus actos más significativos, así cumplo dos objetivos: informar a aquellos que son extranjeros y no tienen puta idea de que carajo es Chile y burlarme de los que se perdieron alguno o todos los eventos preparados al efecto.

1. Fondas y ramadas. Esta es la máxima expresión popular y típica de celebración en Chile, es el lugar en que el pueblo festeja las fiestas patrias. Como nunca antes, hubo de todos tipos: exclusivas, las que se armaban en parques y se cobraba entrada y las populares gratuitas. A mi juicio, un chileno rudo debe festejar estas fechas en la más popular y tradicional fonda o ramada, pues ésta, al ser gratuita y conveniente, atrae a la masa del pueblo, al Chile real.

Solo impulsado por la obligación de escribir estas líneas, es que fui a perderme a las fondas del Parque O’Higgins, para así darles mi opinión de los productos allí ofrecidos. Puedo asegurar que la calidad de las empanadas, la carne y la chicha pasó la prueba de este su humilde servidor, lo malo es que los precios eran un tanto superiores al año pasado, por lo que no me alcanzó para probar el vaso de “Terremoto” que ofrecían en el parque. Sin embargo, la chicha pudo suplir toda necesidad por otro trago, con un sabor dulce y suave, tan bueno que aún me hace pensar en que pillería se habrán valido para que así fuera.

Con 4 días de fiesta es imposible que los fonderos no vayan sacar cuentas alegres. Por lo demás, se lo merecen, por lo menos se ganaron toda mi admiración por vetar de las fondas el horrible ruido del reggaeton, mientras estuve en aquellos tradicionales antros, no escuche ni una sola de las ya mencionadas “canciones”.

2. Gran Parada Militar del Bicentenario. Simplemente perfecta, la mejor en muchos años. Hay que agradecer a quien haya convencido a esos políticos de que para una fiesta como la del bicentenario, no podían volver a usarse las excusas de la crisis ecónomica y la austeridad. También hay que alabar que se iniciara el desfile con el paso de los 200 civiles que, cargando las banderas patrias, representaban a la nación toda, así como la condecoración a quienes se destacaron en las labores de ayuda a los damnificados del terremoto. Ambos eventos tienen una significación única y contingente, del mismo modo que el discurso del Presidente, dedicado a recordar a los chilenos que las Fuerzas Armadas son patrimonio de todos y que debemos respeto a esos hombres y mujeres que han jurado dar la vida si fuere necesario. Todo esto, sumado a nuestros regimientos bicentenarios, son la evidencia de que estamos ante un acontecimiento especial y trascendente.

El despliegue de los carros blindados y aviones de combate, entre otros, brinda al ciudadano no sólo un entretenimiento, sino que sirve para enseñar y aterrizar la profesión militar. Personalmente fui testigo de como muchos compatriotas quedaban asombrados al ver que nuestras Fuerzas Armadas cuentan con equipamiento que jamás habían visto o que solo conocían por las películas gringas.

Además, nuestros bravos y rudos soldados demostraron una vez más como desfilan los hombres y mujeres de verdad: con fuerza y sincronización perfecta. No importa cuantas delegaciones extranjeras prueben a desfilar junto a los nuestros, siempre me dan la impresión de no alcanzar la prestancia que estos demuestran.

3. Revista Naval y Marítima. Este es uno de esos raros eventos de nuestra historia, sólo 13 veces se ha llevado a cabo una Revista Naval y, es la realizada para el Centenario la única comparable a la que tuvo lugar el día de hoy. Aunque los protagonistas debían ser los miembros de la Escuadra Nacional, las estrellas de la jornada fueron los pilotos de la Escuadrilla de Alta Acrobacia Halcones, pues, de un modo similar a lo sucedido el 19 de Septiembre con la Parada Militar, muchos chilenos vieron por primera vez la excelencia del vuelo de sus pilotos, así como las maniobras que los hicieron campeones mundiales.

Considero más eficiente que, hoy en día, las Revistas Navales en Chile se realicen al estilo estadounidense, esto es, que las naves desfilen delante del buque en el cual se encuentran las autoridades e invitados, en nuestro caso éste buque era la Esmeralda. Durante el Centenario, la revista se realizó a la manera británica, que consiste en que el buque que traslada a las autoridades e invitados, se acerque a cada una de las naves.

A mi parecer, son estos tres los eventos que definen la conmemoración de nuestro bicentenario patrio, por ser masivos, rudos y populares.  Otros actos como la reunión de las estatuas de los próceres o el izamiento de la gran bandera del bicentenario, no tienen la fuerza y significancia suficiente.

May the schwartz be with you!