¡Saludos, rudos camaradas! Los saluda su corresponsal de guerra, Bananero Kafkiano. En esta ocasión les escribo para compartir ciertas revelaciones que los dioses de la rudeza inspiraron en mi cuando asistía a la Exposición de Material Acorazado del Ejército de Chile, esto tuvo lugar el fin de semana recién pasado. También adjunto fotos de las maravillas que allí había.

Hay muchas consideraciones que se pueden hacer cuando se está en presencia de una máquina creada para matar, digamos las cosas claramente, aquí ni en ninguna parte se hacen tanques y cañones con el propósito de salvar a alguien, nunca lo han hecho. Por esto, es que hay mucho anti-militarista y pacifista en el mundo, asimismo, abundan los que afirman como verdades excusas, como que de este modo nuestras familias están protegidas del extranjero expansionista o imperialista.

Yo invito a mis rudos lectores a reconocer la cruda realidad, aquella que nos obliga a estar armados porque hay quienes nos odian y por cuestiones de geopolítica, ambas tienen más que ver con el poder y la supremacía, que con el bien común. Además, si no tuvieramos armas seríamos inmediatamente objeto de presiones ilegítimas. Mas en lo concreto, los invito a prestar atención a estas máquinas, fruto del más brillante intelecto humano.

Deberían concordar conmigo en que estas piezas de tecnología militar inspiran más que respeto, cuando se está en su presencia se tiene la rara sensación de que lo rudo se ha corporalizado en aquel armatoste de metal. Estando así de cerca de los carros blindados, me di cuenta que la rudeza que estos representaban no era otra que la de aquellos que los diseñaron y fabricaron, que si había algo de bello en esos colosos asesinos, era el hecho de tener como origen la mente de un ser humano.

Afirmo con convicción, que lo rudo y maravilloso en cualquiera de estas, muchas veces, inmorales invenciones, es la materialización de la idea de alguien que se atrevió y/o innovó en un tema tan tabú, como lo es la guerra. Por eso, mis rudos amigos, aunque sean pacifistas o anti-militaristas deben asumir la cruel realidad de la existencia de la guerra y reconocer la maestría de ciertas mentes, las cuales hacen lo posible por hacer lo mejor en su rubro, así como cualquier profesional.

¿Por qué no se ocupan mejor de la cura del cáncer o el sida si son tan inteligentes? Señores, cada quien a lo suyo, ya hay grandes mentes ocupadas en aquello también. Y no me vengan con eso de que uno de estos trastos equivale a un hospital o algo así, ya que son diferentes cuestiones que responden a distintas necesidades.

May the schwartz be with you!