Un día el Profeta se encontraba chupando en una aldea cercana a Phnom-Penh, cuando un grupo de mujeres se acercó a pedir su bendición y dijeron “Oh, Profeta, dinos…  ¿Qué es mejor para una mujer, un hombre macabeo, o un hombre gozador?” El Profeta (o sea yo) entonces se sentó en una roca y les dijo en parábola:

“En verdad os digo que cierta vez había un Vikingo y un Macabeo. El Vikingo se  jactaba de su vida licenciosa cuando el Macabeo lo increpó diciendo ‘Está mal que andes por la vida cojiedo con varias mujeres sin sentir nada por ellas. Yo, por ejemplo, solo cojo con mi novia, pues no puedo separar el sexo del amor ‘. El Vikingo lo mandó a la mierda.

Muchos años después volvieron a encontrarse cuando ambos ya eran viejos. El Macabeo le preguntó al Vikingo entonces ‘¿Dime, qué haces cuando te aburres de tus mujeres?’ A lo que el Vikingo le respondió ‘Muy simple, le digo que voy a matar unos celtas, tomo un barco me voy a una isla, me tiro a la primera mujerzuela que se me ofrezca y vuelvo a casa feliz. ¿Qué haces tú?’- Preguntó ahora el Vikingo al Macabeo.

“Yo hice lo mismo -respondió el Macabeo- pero como yo no puedo separar el sexo del amor, me enamoré de la mujerzuela, le prometí que dejaría a mi mujer, me hizo comprarle una casa y ya tuve cuatro hijos con ella. Ahora ambas me tienen demandado por pensión alimenticia y todo lo que gano de mi trabajo se va para ellas y ya no tengo que comer. ¡Ayúdame sabio Vikingo!’

El Vikingo se compadeció del Macabeo, tomó su hacha y lo partió en dos mitades desde la cabeza hasta los piés. Luego de eso buscó a las mujeres y les entregó a cada una su mitad del desdichado. Luego se cojió a ambas, esclavizó a sus hijas y vendió a sus hijos como esclavos para pagar las deudas y las excequias del Macabeo.”

Las mujeres que esuchaban esta parábola se exitaron y llenas de Rudeza le preguntaron al Profeta: “Oh Profeta ¿Qué significan estas palabras?” A lo que el Profeta contestó:

El que por Macabeo se compromete, por Macabeo traiciona.