¿Qué tal, bravazos corsarios y borrachos de cantina? Los saluda Guitarra Rompe Ojetes, desde un salón de Pool de mala muerte, en las lejanías de Bangkok. Nuevamente hago un alto y me detengo a hablarles, para que no cedan ante el camino de la mariconería, y de paso amplío vuestros espectros musicales con algo que tenga las pelotas bien puestas.

Siempre que cierro algo que escribo aquí, nombro a Tony Iommi. Más les vale, putos del orto, que sepan a quién me estoy refiriendo… ¿¡NO!? ¿¡QUÉ MIERDA ESTÁN ESCUCHANDO!? Bueno, echémosle una revisada rápida:

EL líder de Black Sabbath (Ozzy Osbourne no tiene pito que tocar; Tony siempre ha estado allí, en los más de 40 años de la banda).
Un rudo hecho y derecho: cuando recién comenzaba en esto se machacó la mano derecha -y más encima es zurdo- en una fábrica de metal en plancha, lo que hizo que perdiera las falanges de dos dedos. Mandó a la cresta todas las opiniones de que no podría tocar así, se puso unas prótesis, tomó su guitarra y dejó la cagá.

A Iommi se le debe todo: la evolución de mezclar el Blues, el Jazz y el Rock. Le bajó tres semitonos, le subió el volumen a niveles fuera de lo común, de una manera densa; lo transformó en Metal y sentó las bases del Stoner, del Doom, etcéteras. Influenció a muchos y su grupo fue uno de los pilares y creadores de lo que se conoce como Heavy Metal.

Es el creador de riffs más grande de la historia: ‘Paranoid’, ‘Iron Man’, ‘Children of the Grave’, ‘Neon Knights’, ‘Children of the Sea’, ‘The Mob Rules’, entre UN MONTÓN más. Genio a nivel macro, oscureció el Rock; si no fuese por él, todos tendríamos la cervical intacta.

Aunque los años pasen, el tipo todavía tira magia; caballero británico, siempre usando un abrigo largo de cuero y con sus Gibson SG. Es como un Don Quijote del Metal: alto, flaco, desgarbado y medio tieso; pero con un poderío impresionante en la guitarra. Aparte se comía a Lita Ford a fines de los 80’s, enorme mérito para este cabrón.

En el nombre del Padre Blackmore, del Hijo Iommi, del Espíritu Page. Amén.