¡Alabada la Testosterona, hijos de putaaa!

Después de pasar varios meses inconsciente bajo los escombros de mi bunker en Libia, el Profeta regresa para difundir la Palabra de la Hombría, guiar a todo el Rudo pueblo hacia el Valhalla y sembrar el terror entre putas y doncellas.

Durante los días que duró mi  hibernación, los dioses de la Rudeza me recordaron que hace varios años prometí subir un post con el Decálogo del Cazador, un conjunto de 10 máximas que me fue revelado durante mi adolescencia, allá por el siglo XIV, cuando la guerra Búlgaro-Otomana nos dejaba poco tiempo para seducir mujeres y poco dinero para gastar en prostitutas.

Para un mejor Análisis de esta revelación, remítase a El Decálogo del Cazador (Parte I). Hecho lo anterior, ponga atención a las siguientes verdades que Odin, Hades y todos los dioses puteros y gozadores me han revelado:

Las 10 Máximas del Cazador

I. No existe la “Igualdad de sexos”.-  Hombre y mujer son diferentes y esas diferencias son lo que a ella las pone cachondas. Jamás intentéis hacer lo mismo que ella, o en vez de cojerla, os convertiréis en su amigo gay.

II. Nunca apostéis todas tus fichas a una sola mujer.- Centrar todos los esfuerzos de la cacería en una sola presa, te volverá dependiente de ella. Por otro lado las mujeres son territoriales y posesivas; si te ven siguiendo a otra, se arrojarán a tus pies.

III. Las Hembras huelen la necesidad y detestan al necesitado.- Seguramente ella intuye que quieres amarrarla en la cama y partirla en dos. No es necesario que se lo manifiestes a cada momento.

IV. Los Hombres NUNCA se enamoran.- Solo en las telenovelas escritas por mujeres, la chica se fija en el que se enamoró de ella. En la vida real, ella preferirá al indiferente y no al idiota que la sigue incondicional.

V. Es más fácil conseguir mujer a los 40 que a los 20.- Joven padawan: no terminéis cojiendo con la fea, solo porque sientes que se ha pasado tu tiempo. Los años se encargarán de hacerte justicia (Ver “Economía sexual”).

VI. Las Mujeres son para divertirse, jamás para sufrir por ellas.- Nada que agregar… Solo que ésto pudo ir en el primer lugar.

VII. El Hombre pide perdón, pero jamás permiso. “¿Vamos al cine?”, “¿Te puedo besar?”, “¿Quieres cojer?”, son preguntas de putos. El verdadero Macho primero actúa y después si la mujer protesta pedirá perdón como un Caballero.

VIII. Las Mujeres Jamás se enamoran de su hombre ideal.- Por mucho que ella diga que se derrite por un hombre que vaya a cantarle canciones de Arjona (¡puaj!) a los pies de su balcón, ella en realidad pierde la cabeza por el que va, la coje y luego no la llama en una semana (ver “Un cuento de Hadas”) .

IX. Las Mujeres se entregan al hombre que temen.- La mujer siempre busca ponerse a resguardo del más cabrón, precisamente aquel capaz de violentarlas. Así, en su lógica egoísta de ver el mundo, siente que “neutraliza” al adversario más peligroso y de paso se asegura que éste la protegerá de peligros menores.

X. A todas les gusta chuparlo.- Aquí no hay mucho que agregar. Es así y así será por siempre. Siempre dirán que no lo hacen, que nunca lo han hecho y que no les gusta. Falso, falso y falso. Vosotros, hijos de Odín, no perdáis el tiempo pidiendo permiso, solo háganlo. Ella sabrá fingir que “recién le empezó a gustar”.

Reflexionad, releed y observad estas reglas a lo largo de vuestra vida, rudos y brutales Testigos de la Rudeza. Y no olvidéis que la cacería de mujeres es un deporte, que merece ser estudiado, perfeccionado, pero ante todo disfrutado en su conjunto y no solo esperando un resultado.

Los BMP-2 vienen en camino, Libia tal vez esté perdida, pero aun hay Patria. Un mensajero (al que acabo de decapitar para hidratarme con su sangre) me ha dicho que en Siria necesitan de mi AK-47. ¡Alabada la Rudeza! Charles Bronson, ruega por nosotros!

El Profeta, corto.