Guitarra Rompe Ojetes; caza recompensas, bebedor y macho.

Hace una pestañeada estábamos en Sudáfrica 2010, ahora estamos a la mitad de las clasificatorias y en la siguiente pestañeada estaremos en Brasil 2014. Porque Jules Rimet nos bendijo en 1930 con uno de los regalos que la rudeza más atesora: la Copa del Mundo, conchatumare. Hasta ahora 19 campeonatos que han estremecido al planeta por 80 años, sacudido países y continentes completos. Ahora la hueá por fin volverá a América.
Ninguno de ellos ha de desecharse, pero obviamente unos han sido más brillantes que otros, cuantos momentos en la retina: los primeros arcaicos a cagar (Pre Segunda Guerra Mundial), los televisados en blanco y negro a mediados de los 50’s, Pelé a nivel de leyenda, la Copa Jules Rimet, Franz Beckenbauer levantando la actual copa en 1974 después de batirse a muerte con la Naranja Mecánica. El partido más épico registrado por la humanidad: Alemania y Francia en la semi final de 1982, una hueá con nervios de acero. Mi preferido, el Mundial de Italia 1990, razones varias: las rondas de penales más cabronas jamás realizadas y también la selección que mejor he visto funcionar (claramente la alemana, sólo entre Lothar Matthäus y Jürgen Klinsmann hacían corneta a cualquier equipo que se parara enfrente). También la expansión del siglo XXI en Asia y África.

Hueón, qué belleza es el fútbol a escala mundial. Pero el resultado arrojado en el Congreso Rudo, efectuado en la pieza de tu hermana, resuelve que el más magno de todos ha de ser México 1986: junio soleado y sin ni una puta vuvuzela en el público. Un año antes hubo terremoto, quedó la cagá, pero se lo pasaron todo por la raja y con 24 selecciones presentes organizaron la fiesta más grande de todas; como ha de ser.

Ahora todos los putazos están más preocupados por plasmas de 42 pulgadas en alta definición que los partidos en sí. Interesa más la pelota culiá macro sofisticada que los goles. Llama más la atención indumentaria de punta que los jugadores. Antes la televisión estaba lo suficientemente desarrollada para ver la cagá a colores y con cámaras suficientes, con una hueá redonda decente para patear y camisetas con toda la onda (para mayor información véase la Lecoqspotif que llegó usando Argentina).

El último Mundial que no fue ratón (¡PUAJ! Vomito en el fútbol homosexual defensivo), la inauguración del sistema de octavos de final para la segunda ronda, cuando España era los bonus track de los torneos y a los muy maricones todavía no se les subían los humos. La hueá estaba plagada de estrellas: Diego Armando Maradona, Gary Lineker, Hugo Sánchez, Michel Platini, Enzo Scifo, Careca, Karl Heinz Rummenigge, etc.
Inglaterra y Argentina haciéndose cagar en cuartos de final, Maradona primero consagrándose como el mejor voleibolista del mundo y después haciendo el gol más omnipotente nunca antes visto (y da lo mismo cuanta droga tuviese encima). Francia mandando a Brasil para la casa (y en 2006 hizo la misma gracia). Italia como campeón defensor llegó dando la hora (tal cual como en 2010). Final en el rudo Estadio Azteca, los alemanes empatando 2 a 2 en los últimos veinte minutos y cagando a todos de miedo; la hueá era como para morir infartado ahí mismo (bah, igual terminaron perdiendo).

Si usted es un bravazo, obviamente de seguro en ese tiempo estaba sintonizando cada uno de esos 52 partidos. Por el contrario, si está leyendo esto un enclenque de mierda que aún no nacía en la época, más le vale comenzar a revisar ese mes de carnaval por internet o donde mierda sea… ¡AHORA MISMO YA!
En el nombre del Padre Blackmore, del Hijo Iommi, del Espíritu Page. Amén.