Corría el año 1980 y un joven Joey DeMaio era el técnico de bajos de Geezer Butler en Black Sabbath. Cansado de eso se dijo a sí mismo: “A la mierda, crearé mi propia banda con juegos de azar y mujerzuelas” (cualquier similitud con Bender es pura coincidencia). Así, caballeros y únicamente caballeros, es como se forma Manowar. Exquisitez musical del lado oeste del Atlántico, única banda gringa de esos años que resaltó a tal punto de que hubiese calzado perfecto con el movimiento que se estaba dando al otro lado del mar: la Nueva Ola de Heavy Metal Británico -con nombres tan magnos como Motörhead, Judas Priest, Iron Maiden, Saxon, Def Leppard, etc-.

Si pudiéramos traducirlo de algún modo a política, estos conchas de su madre serían algo así como de la facción ultra derechista, se cagan en todo lo que no sea lo suficientemente ruidoso y testosterónico (apoyándose en los principios del Tratado de tu Hermana, concordados en la ciudad de Trípoli, Libia), siempre hablan de cofradías rudas metaleras a nivel de comunidad y las mujeres vienen a cumplir función de objeto sexual (ah sí, en estos últimos años les dio la hueá con la mitología nórdica, cosa que me parece una buena medida -siempre es bueno honrar a Odín y todos los dioses rudos y putangueros- pero que ya se está trillando mucho).

Los seis discos que lanzaron en los 80’s (y también incluiría el primero que sacaron en los 90’s) magnos, tremendos, omnipotentes. Ilustraciones demoledoras con la banda dibujada como Conan el Bárbaro, escenarios épicos y/o apocalípticos, minas en trapos menores y/o en pelota. Repertorio plagado con himnos a prueba de balas: Heavy Metal de corte clásico, en cuatro o cinco minutos por canción quedas hecho mierda; ya cuando escuchas ‘Kings of Metal’ te haces caca encima (algo así como la declaración de derechos humanos de Hombres Rudos). Salud por ellos, y a ese que no le guste que se desayune un buche de semen.
En el nombre del Padre Blackmore, del Hijo Iommi, del Espíritu Page. Amén.