Caballeros, y únicamente caballeros, he vuelto. Algunos meses atrás ya lo dije, conchas de sus madres: Ponerle onda a lo que se escuchen no tiene que ser complicado, no se obsesionen con la quinta pata del gato zambulléndose en cagás rebuscadas que no valen dos pesos. Tal como dijo mi colega Gunslinger: “ser vanguardista es cosa de maricones, así que no intente volver a inventar la pólvora; hay cosas que nunca fallan ni pasan de moda”. Y es por esa razón que ahora mismo estoy en campo abierto australiano; tengo que rendirle tributo, en su propio territorio, a la leyenda. AC/DC.

Casi 40 años de carrera, hueveando hasta el día de hoy, un montón de discos omnipotentes, se deben a sí mismos miles de millones de dólares por autoplagio (y eso nos importa un carajo), una lista enorme de riffs de guitarra que puede reconocer cualquier imbécil, el único grupo sobre la tierra al que nunca se le verá haciendo mariconadas acústicas (si no es un set eléctrico entonces no vale), le dieron forma al concepto Monsters of Rock (el festival más magno del que tenga registro la humanidad), lograron que los ojos del planeta le dieran bola a esa hueá de continente de Oceanía, hicieron escuela con dos vocalistas diferentes (tanto así que una de las elecciones más difíciles, para cualquier mortal, es decidirse por uno de ellos), la única banda en donde el guitarrista es la cara y emblema (Angus Young, ora pro nobis)… Ah sí, incluso Arnold Schwarzenegger va a sus recitales y quiere ser como ellos (como bien puede verse aquí). Quien no se detenga a sacarse el sombrero frente a ellos no merece respeto; todo lo contrario, será sodomizado y comido por las bestias más sádicas del infierno. Hasta Iron Man la tiene clara y en las películas aparece volando mientras escucha ‘Shoot to Thrill’. ¿Me explico claramente? ¡Highway to Hell! ¡Back in Black! No hueveen, sólo por esos dos trabajos tienen todo el derecho para entrar al Olimpo de la Rudeza; si eso no es tener pelotas entonces nada lo tiene. ¡He dicho y se acabó la hueá! “Y como diría AC/DC: Rolamos esta noche, al ritmo de la guitarra; y para aquellos que van a rockear, los saludo” (Jack Black, School of Rock).
En el nombre del Padre Blackmore, del Hijo Iommi, del Espíritu Page. Amén.