A Good Day to Die Hard
Guitarra Rompe Ojetes. Caballero de la Orden de tu Hermana.

Y bueno, así era la cosa cuando me encontraba traficando esclavos en Bombay: mientras toda la horda de maricones sometidos celebraba San Valentín, el 14 de febrero pasado, en otros lugares se estaba haciendo historia. ¿A qué me estoy refiriendo? Al estreno de la 5ª Die Hard (Duro de Matar, para los imbéciles), esta siendo titulada A Good Day to Die Hard (nombre de por sí cabrón). John McClane -encarnado por el inmenso y brutal Bruce Willis- tomándose por quinta vez una sala de cine; qué orgullo más grande que uno de los próceres del Olimpo Rudo aún se mantenga activo después de 25 años. Es como MacGyver, pero destruyendo hueás.

Absolutamente brillante. Misma dinámica de trama penca y predecible, en hora y media de duración: encontramos a McClane sacando la vuelta (ahora yendo a visitar a su hijo, Jack, con el que estaba peleado), cuando se ve involucrado en un intento de golpe a gran escala, siendo entonces que tomará las riendas, dejando la cagá a niveles insospechados, matando a destajo a cuanto terrorista culiao se le cruce por delante; persecuciones en autos, balas infinitas y explosiones por todos lados. La única diferencia, con respecto a las cuatro entregas anteriores, es que en vez de suceder en Estados Unidos, aquí la cosa se traslada a la rudísima Rusia (una escala en Moscú para luego rematar en Chernóbil).

Película para H-O-M-B-R-E-S, punto. Alcancé a leer algunas críticas antes de ir al cine, todas eran como la soberana mierda: “ay, es más de lo mismo”, “es que, pucha, muchos disparos para mí”, “me la como atravesada”, etcétera. ¡Malditos herejes! ¿Cómo se atreven a hablar así de tan magna obra de ingeniería testosterónica? Háganme caso, por la gran puta, porque sólo lo diré una vez: mientras más violenta y mononeuronal sea la película, mejor será; hecho comprobado científicamente. Que los grandes y complejos guiones queden para los ano dilatado.

El tráiler, como siempre, queda a su disposición abajo. Espero que viéndolo les entren las ganas de ver la hueá, conchas de sus madres; confío en ustedes, y si no entonces váyanse a la chucha.
En el nombre del Padre Blackmore, del Hijo Iommi, del Espíritu Page. Amén.