espada

En aquellos días, El Profeta se encontraba en Belgrado, buscando prostitutas y ajusticiando a varios heterocuriosos que habían asolado el pueblo. Fue entonces que un hombre de nombre Dobromir se presentó en la plaza con su mujer, y poniéndola a los pies del Profeta, pidió se la sometiera a Su justicia. “¿Qué queréis de mí?”, dijo El Profeta.

“Oh Profeta, esta es mi mujer, desde hace cuatro años que vivimos juntos. Yo trabajo todo el día para que ella no pase por ninguna clase de necesidad o infortunio, pero hace dos noches, al llegar del campo, la encontré en el lecho junto a otro hombre. He venido a someterla al rigor de tu ley, Oh Profeta”.

Todo el pueblo se congregó en círculo alrededor del hombre y su mujer y gritaban “¡decapítala, decapítala!”. Pero El Profeta ordenó a todos sentarse a su alrededor y llenándose de Rudeza les dijo la siguiente parábola:

“Un guerrero tenía una espada, de la que se decía, era la mejor en su clase: su hoja había sido hecha de un metal caído del cielo, fundida en un volcán y enfriada con sangre de león. El guerrero usaba la espada de excepcional manera y con ella libró varias batallas y sirvió a muchos señores. Por las noches, el hombre guardaba su espada en la cama junto consigo, hasta que una noche, tras un movimiento brusco, su hoja le cercenó el pene.”

Todo el pueblo quedó conmovido y murmuraban preguntándose qué significaban estas palabras. Un hombre rudo, llamado Slavko, alzó la voz diciendo: “Oh Profeta, ¿qué es esto que nos has dicho?”. El Profeta respondió:

“A nadie se le ocurriría condenar a la espada por mutilar al guerrero. Pues la espada sirve para cortar y no para dormir con ella. Del mismo modo, no puede condenarse a esta mujer, pues está claro que es una puta y sólo ha hecho lo que mejor sabe. Más bien, la culpa es del marido, por casarse con una mujer que sólo sirve para coger. Como la mejor de las espadas, las putas están hechas para usarse en combate y no para dormir con ellas.”

Esta es Palabra del Profeta.