La Parábola del Esclavista

por | Jul 4, 2014 | Doctrina, Hembras, Ocio

En aquellos días, el Profeta se encontraba en Crimea, impartiendo justicia a liberales y feministas que habían sido caputurados por los Tártaros, cerca de los muros de la ciudad. No muy lejos unas mujeres hablaban y se hacían preguntas sobre los hombres. Al ver al Profeta, acudieron a él e imploraron su bendición.

Una de ellas, de nombre Svetlana, se adelantó y dijo: “Oh, Profeta, cierto es que las mujeres de esta tierra son las más bellas, inteligentes, cultas y sumisas del mundo. Muchas de nosotras tenemos estudios más avanzados que los de cualquier hombre, mejores trabajos y dinero suficiente para llevar una buena vida, pero estamos solas y los hombres nos evitan. ¡Oh, Profeta! ¿Es que acaso los hombres tienen miedo de una mujer exitosa?”. El Profeta les ordenó a todas sentarse a su alrededor y llenándose de Rudeza les dijo en Parábola:

«Había una vez un hombre honesto, justo y trabajador que estaba soltero. Muchas doncellas casaderas, de su pueblo, lo pretendían y se decían “yo podría entregar mi sexo para que lo gozara ese hombre, a cambio de vivir a su lado disfrutando de sus virtudes”. Muchas pensaban así, y creyendo que su mejor moneda de canje era el sexo, le hacían proposiciones inmorales a cambio de ser desposadas, pero el hombre increíblemente no accedió a ninguna.
Al poco tiempo, se descubrió que el hombre era un esclavista, y guardaba en sus mazmorras una fina selección de las mejores jovencitas esclavas de la región, con las que follaba a voluntad. Todas las mujeres desistieron y se decían “a quien tiene un harén de putas, no se lo puede conquistar”. Pero hubo una que no se rindió, e inspirada por la Rudeza, se dijo “una mujer es más que sólo un cuerpo para follar”. Siendo femenina, interesante, respetuosa y cocinando cada día para él, logró conquistar el corazón del esclavista».

Las mujeres suspiraban y se preguntaban qué significado tenía esta parábola. El Profeta alzó un dedo y cuando todas guardaron silencio, temerosas, les dijo:

“En verdad os digo que, así como muchas hembras creen que su mejor moneda de canje es el sexo, y desisten de seducir a un hombre que ya tiene muchas mujeres; también muchos hombrecitos creen que el dinero y el estatus son lo mejor que tienen para ofrecer a una mujer, y ellos también desisten cuando ven a una mujer que ya tiene mucho dinero”.

“La mujer que desee ser poseída por un Hombre mujeriego debe ser más que sólo un chocho estrecho y bien depilado. Y así también, el Hombre que desee poseer a una doncella exitosa, tendrá ser mucho más que una billetera andante.”

Esta es palabra del Profeta.