Lemmy KilmisterGuitarra Rompe Ojetes, escritor de epitafios.

No se espera nada más del año llegado el 28 de diciembre, como máximo se hace la lista de tragos por comprar para la brutal fiesta de año nuevo (asesorado por mi colega Hígado de Acero). Uno nunca se espera que un emblema del Salón de los Hombres Rudos estire la pata; de hecho uno nunca esperaría que estirase la pata, creyendo que vivirá por siempre. Pero nos cayó como balde de agua fría: Lemmy Kilmister murió el pasado 28 de diciembre, cuatro días después de haber cumplido 70 años.

Motörhead es toda una institución, que este 2015 cumplió 40 años de actividad ininterrumpida. Y quien estaba atrás de aquello, el incombustible que fundó la banda y que se la echó al hombro desde el primer día, es la razón por la que hoy todos nos sacamos el sombrero; rudos todos rindiéndole tributo. Lemmy era la personificación del rock, ¿cómo lo ven? Tenía todo el rock en el cuerpo. Lo escuchabas hablar y te cantaba la posta universal de la vida porque las vivió todas, desde que era plomo de Jimi Hendrix hasta hoy. Ya cuando le escuchabas «WE ARE MOTÖRHEAD AND WE PLAY ROCK AND ROLL» te hacías caca encima.

Se ganó a pulso el respeto de la generación de sus colegas, influenció a cuanto hueón con pelo largo salió después de él, 22 discos de estudio a su haber, giras monstruosas (la última, un segmento europeo promocionando su último disco salido éste año, finalizó 17 días antes de morir) y todo un cancionero de dónde elegir. No, no, no; no se queden con la repetida (pero brillante) Ace of Spades, esa era sólo una entre cientos más que había de dentro de las opciones. Por ejemplo los niños adeptos a la lucha libre lo recordarán por The Game, la canción que hizo para Triple H. ¿Mi favorita? The Chase Is Better Than the Catch.

Vivió al límite sin importarle un carajo: fumador de Marlboro, tomador de Jack Daniel’s, consumidor de speed y mujeriego (por lo menos 1400 señoritas diferentes pasaron por allí). Debió haber muerto mucho tiempo atrás, probablemente en los 80’s, pero contra pronósticos seguía vivo y activo, grabando discos y haciendo tours de manera constante. El 2013 comenzó por primera vez con sus achaques de la vejez, cancelando algunos conciertos por aquí y otros por allá, pero según él nada de qué preocuparse mayormente. Se le vinieron encima todos los años que nunca aparentó, y ahora nos agarró de sorpresa con tumores cancerígenos en el cuello y cerebro; sólo duró dos días desde que se lo diagnosticaron. Es una pena; así es como termina una leyenda viviente, pero que murió en su ley y con las botas puestas. ¡Salud por eso! Por lógica también se cierra su obra maestra: Motörhead (confirmado por el baterista algunas horas después de la noticia de nuestro verrugón amigo). Pero al final del día, como leí por ahí: “Faltará alcohol y mujeres para recibirlo en el cielo. Era tanto su sarcasmo que el tirano del rock decidió morir el Día de los Inocentes. Definitivamente a Dios le gusta la buena música”.

Lemmy Kilmister, ora pro nobis.