El Hombre Rudo y la Tecnología

por | Mar 3, 2016 | Ocio

Saludos a toda la raza ruda, peleadores callejeros, piratas de los siete mares, mercenarios, duros vaqueros, exploradores de tierras inhóspitas y toda suerte de machos de los de pelo en pecho y cojones del tamaño de huevos de avestruz, a quienes la hombría y la rudeza los acompaña y los engrandece en cada jornada.

Hoy quiero compartir con ustedes mi filosofía con respecto a la tecnología, un elemento tan presente y frecuente hoy en la vida de los homo sapiens, al punto que ya es inconcebible la cotidianidad y el futuro de la humanidad sin esta valiosísima herramienta, fruto del ingenio humano, que tanto ha facilitado las cosas en un mundo difícil y hostil. Pero la tecnología es un arma de doble filo que de no saber manejar nos puede castrar el cerebro y convertirnos en esclavos de lo que debería ser nuestra liberación.

La tecnología está presente a diario en nuestras vidas, disfrazada de teléfono celular, tablet, PC, dispositivos para reproducir música y desde luego el omnipresente internet sin la cual la vida humana es ahora impensable, pero precisamente tanta intromisión de la tecnología en nuestras vidas nos ha robado tiempo, libertad (algo que todo rudo ama como a su propia vida) y la oportunidad de disfrutar verdaderamente de la vida.

Es tan común ver hoy a la gente tan concentrada en su celular que el mundo y la vida real pasa por su lado sin que ellos perciban que exista algo más que el aparato que tienen entre sus manos. A cada rato gente que termina de narices contra un poste o envueltos en accidentes de todo tipo por estar tan concentrados en su teléfono que no advierten el peligro que los acecha. La gente ya no comparte con la gente, ves a las familias sentados a la mesa, cada uno con su celular y nadie conversa con nadie, ni siquiera disfrutan la comida; un tipo va con su pareja a algún lugar y están más ocupados de su equipo móvil que del otro y así sucesivamente se ven casos que despersonalizan a la gente y a las relaciones humanas.

En mi último viaje hace 3 meses visité la mundialmente famosa selva amazónica en la frontera entre Colombia, Perú y Brasil. Fue una experiencia única y desde luego muy enriquecedora. Me interné en las entrañas de la jungla más grande y espectacular del mundo, acompañado de tres indios nativos, expertos conocedores de la selva y sus misterios.

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La selva es de una de las regiones más hermosas y a la vez más peligrosas del mundo, donde ves animales que en tu vida creerías que pudiesen existir; allí se pueden contemplar a los bufeos o delfines rosados, los únicos de su especie que son de agua dulce y que según la leyenda en las noches de luna llena se convierten en hombre y roban mujeres desprevenidas que se acercan a la orilla o que entran al río para llevarlas a su mundo acuático y aparearse con ellas; los manatíes o vacas marinas que inspiraron las leyendas sobre las sirenas; allí conocí de cerca  a las temibles pirañas, peces que atacan en cardúmenes de cientos de ejemplares y que son capaces de devorar a un hombre adulto hasta dejarlo en los huesos en cuestión de cinco minutos. Vi de cerca al Candirú, el pez vampiro que se introduce por el pene, la vagina o el ano y una vez dentro extienden unas espinas especiales y “absorbe” la sangre del huésped, dirigiéndola a su propio sistema circulatorio. Una vez instalado en el orificio genital, es casi imposible de quitarlo de ahí a no ser que sea mediante cirugía (pudiendo llegar a tener que amputar el pene), ya que el animal presenta una especie de garfios con los que se sujeta a las paredes del cuerpo, y los cuales van desgarrando el tejido y ya imaginarán el dolor tan espantoso que esto produce. Aquí en este lugar el tigre es el amo y señor y con quien menos te quisieras encontrar; muchos dirán que el león es el rey de la selva pero lo será de las selvas africanas porque en la selva amazónica el rey es el tigre y aún los hombres más recios y expertos en la jungla lo respetan por su fiereza, su fuerza y su instinto sanguinario que ha cobrado cuantiosas víctimas humanas.

ramboDurante los dos meses que duró mi travesía en aquel lugar, estuve totalmente incomunicado con el mundo exterior; sin celular, sin computadora, sin internet, sin televisión, sin prensa o radio; y este tiempo lejos de la “civilización” fue el tiempo propicio para reflexionar sobre la vida, para valorar aún más la rudeza, liberarme de las distracciones que la tecnología ha traído a nuestra existencia y enfocarme en lo simple, en lo básico, en lo fundamental. La selva es como la vida, dura y solo sobreviven los más fuertes y dudo que puedas enfrentarte a ella conectado todo el día a tu móvil o a tu computadora. Si eres de los que tienes 5000 “amigos” en Facebook, sigues a cuanto pendej@ está de moda en Twitter, o si tu vida se llama Whatsapp, entonces eres solo un miserable esclavo de la tecnología y lo de rudo solo te lo crees tú. Deja esas cosas para las chicas cachondas que andan buscando machos todo el día en las redes sociales o para los maricones que por su cobardía innata se refugian en eso porque no tienen la hombría para enfrentarse a un mundo duro y prefieren ignorar la realidad sumergiéndose en una burbuja de fantasía creada por grandes monopolios trasnacionales que se hacen ricos con tu tiempo, tu ignorancia y tu incapacidad para ser un hombre de verdad.

El hombre de verdad no debe desperdiciar su precioso tiempo en mariconadas como esas. El hombre de verdad sale a cazar, a pescar, a emborracharse, a desvirgar doncellas, a cogerse a una buena puta, a partirle la cara a cualquier cabrón. La hombría es un legado que nos han dejado los rudos de antaño, un legado escrito con sudor, sangre y noble ejemplo. Atila, Genghis Khan, Tamerlán, Sansón… ponte por un momento a pensar que si en los tiempos de estos varones de renombre, hubiese existido todo lo que hoy tenemos, ellos jamás hubieran perdido su valiosísimo tiempo y gastado sus energías en esa bazofia, fueron grandes porque fueron hombres de acción, cosas que jamás se logra pegado mañana, tarde y noche a un dispositivo de última tecnología. Si presumes de bravo y te crees un tipo duro, no deshonres la memoria de estos patriarcas de la rudeza portándote como un afeminado adicto a toda esta basura.

Muchos pueden estar pensando que soy una especie de cavernícola que me quedé en la edad de piedra armado con un garrote o que soy un amish o un ludita. Nada de eso, hijos de Conan el bárbaro; soy hijo del siglo XX y habitante del XXI, me gusta la tecnología y veo en ella la solución a muchos de los problemas del mundo actual pero no me ando con mariconadas, a mí me gusta la  acción, el color, el olor y el sabor que ofrece la vida real.

Les aconsejo, bucaneros, salir de juerga con amigos, beber como cosacos y empalar féminas como Vlad Dracul; viajar, conocer gente y lugares nuevos cada año; ir al gimnasio a ejercitar el cuerpo; entrenar defensa personal; e incluso leer buenos libros, porque el rudo también le da importancia al intelecto.

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Controlen el tiempo que se la pasan “conectados”, porque esa no es la vida real. Mientras gastan las horas, los meses y los años en tamaña estupidez, están dejando que la vida se les escurra como agua entre las manos. En vez de conversar todo el día con un amigo por Facebook o WhatsApp, ve a visitarlo; en vez de estar viendo mujeres desnudas, ve y búscate una de verdad; suéltate de la esclavitud de las redes sociales y júntate con hombres rudos que te enseñen a ser como ellos. Vive la vida porque es la mejor cosa que se ha inventado, goza cada minuto que te quede por vivir viviendo como un hombre de verdad y no como un gilipollas pelotudo andando con tu móvil pegado a la mano todo el día. Se hombre si no te quieres morir sin ver el amanecer.

Que la rudeza los acompañe hoy, mañana y siempre.