Lectura de Hombres: Charles Bukowski

por | Mar 23, 2013 | Hombres rudos, Ocio

01Guitarra Rompe Ojetes, en directo desde un puterío en Ámsterdam.

Una sabia frase de Lemmy Kilmister, vocalista y bajista de Motörhead, reza del siguiente modo: “Lee un libro: el que seas un zoquete no significa que tengas que ser ignorante”. Tiene toda la razón. David Lee Roth, vocalista de Van Halen, por otro lado decía: “Se preguntarán qué tipo de lectura recomiendo. Respondo: todas. Desde Parerga y Paralipomena de Arthur Schopenhauer hasta Batman Begins de Dennis O’Neil”. Otro más que sabe de lo que habla.

No sé ustedes, repugnantes pusilánimes; siempre creí que gustar de la poesía es de mariconzotes (peor aún si se usa una boina francesa). Es por eso que yo opto por la narrativa (nota para los imbéciles: cuentos o novelas). Claro está que hay narrativa buena y narrativa mala (qué puto dolor de cabeza fue en su tiempo Harry Potter, luego Crepúsculo y ahora Cincuenta Sombras; tenían que llegar mujeres a cagarla con sus sagas). He leído cientos de hueás que podría recomendarles: desde el cabronismo de Mario Puzo en El Padrino, el adelantamiento de época que tuvo George Orwell en 1984, el despliegue policíaco de Roberto Bolaño en Los Detectives Salvajes, y así hasta el infinito. Pero por ahora optaré por sólo un omnipotente concha de su madre: Charles Bukowski (1920 – 1994).

Bukowski

Ahora, inculto de mierda, de seguro usted se estará preguntando “¿qué tiene ese hueón en particular, que lo recomienda Guitarra Rompe Ojetes?”. Primero partamos por lo evidente: su mal aspecto (para mayor información vea la secuencia de fotos de más arriba). El último escritor maldito de la literatura norteamericana, lo suyo era el Realismo Sucio. Un duro hijo de puta, como él solo. Todos los vicios en un mismo cuerpo: alcohólico, apostador, mujeriego. Pasó toda su vida en la Costa Oeste, principalmente en Los Ángeles, y hasta que cumplió 50 años tuvo decenas de trabajos como la soberana mierda (pero que todos tenían algo en común: eran trabajos de hombres hechos y derechos), hasta que comenzó a escribir.

No se andaba con hueás, te cantaba la posta universal de la vida porque se las vivió todas; lo que hacía era autobiográfico. Ya cuando lees “no es que beba, soy un borracho” alzas tu trago y brindas por él. Se cagaba en todo, todo le importaba un carajo; no esperes sutilezas, lo dice todo como es, y mientras más chuchadas le ponga, mucho mejor será, así agarra un humor negro que te cagará de risa. Otras veces se reservaba un tanto y lograba despliegues enormes de sabiduría: “Salía precisamente por entonces de un mal paso con una mujer que había estado a punto de acabar conmigo. Quedé sin ganas de mujeres un tiempo y, como sustituto, jugaba a los caballos, me la meneaba y bebía. Yo, francamente, me sentí mucho más feliz haciendo esto, y cada vez que me pasaba una cosa así pensaba, se acabaron las mujeres, para siempre. Por supuesto, siempre aparecía otra. Acababan cazándote, por muy indiferente que fueses. Creo que cuando llegas a hacerte indiferente de veras es cuando más te lo ofrecen, para fastidiarte. Las mujeres son capaces de eso; por muy fuerte que sea un hombre, las mujeres siempre pueden conseguirlo”. Aparte, sólo Bukowski se retrataría a sí mismo, dentro de un cuento suyo, como un columnista de un periódico, cuya sección -en la que estaba a cargo- se llamaba Notas de un Viejo Asqueroso. Flotaba entre cerveza y whisky, siempre dirá que estaba descrestadamente ebrio, buscando pelea, y a la mañana siguiente pateando la perra con una resaca olímpica. Y si no se iba en la agresiva, se tiraba cualquier cosa con concha que se le cruzara por delante, no importaba qué mierda fuese. ¡Campeón indiscutido!

Mis recomendaciones, para que comience a adentrarse en el tema: Cartero (novela, 1971). Pulp (novela, 1994). La Máquina de Follar (recopilación de cuentos, 1974). Después de eso, si le interesa, puede seguir indagando en todo el repertorio que tiene. ¡Las pelotas Shakespeare! Háganme caso, por la soberana chucha: Bukowski, hueón, Bukowski. Qué te apuesto que si estuviera vivo, y viese que escribí recomendándolo, me increparía en el acto; así de choro y brígido era. Un salud por él, y ese que no esté de acuerdo con lo que dije, que se desayune un buche de semen.

En el nombre del Padre Blackmore, del Hijo Iommi, del Espíritu Page. Amén.